Un día amaneciendo desde las luces de los faroles amarillos de la noche;
yendo a ningún lugar me dejo transportar públicamente
rememorando al pasajero distante con el que aquel día nos reencontramos en un abrazo persistente.
1985 vecinos con tapados largos, grises y turbios
jugando a los amigos que son novios que caminan por la calle de la mano
y gritan con voz trémula en un escenario sin actores
y cuando el estómago es sinónimo del corazón, una frase sin terminar es ahogada por el piano
que rítmicamente rasga y rompe las cuerdas que nos atan.
La VERDAD es sólo es una frase demasiado grande para una remera blanca.
No podré vestirme de blanco y caminar la milla verde de la mentira
escoltada por un fantasma irresponsablemente ausente,
porque aunque lo intento, no me lo creo.
Entonces creo versos suprareales, sin sentido, donde palabras elegidas al azar
bailan con los ojos venda2 por su pañuelo de seda falsa
que sólo sirve para huir del invierno y formar un nido en una cueva ajena.
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