Settling down

No soporto la luz, se refleja en los espejos del alma, muestra lo que nos ojos no quieren ver. En la guarida del lobo juego a la rueda rueda, mientras el aroma a canela es el prinicipal ingrediente del engaño. Engaña al paladar, se viste de mentira, y precipitadamente juega el rol del ama de casa del futuro.

Un ascensor es muy pequeño para hechar raíces. Además los espejos reflejan un pasado mejor del que no sé por qué nos escapamos, avanzamos hacia un callejón sin salida donde nunca amanece. Una luna gigante se asoma en la carretera, pero no traje la cámara, que almacenaba los momentos Kodak que sólo se pueden imprimir en la retina: una italiana rubia con un vestido con botones, una brasilera bailarina carnavalera, una fanática de las rusas y la secretaria que no usa lentes, que es demasiado hippie para un yatching club y decepciona la fantasía.

El amo de las marionetas ahora duerme solo y en las noches de verano huye de las amistades, de la edad del tiempo. Mientras yo me saboteo comiendo bombas de crema pastelera, para no tener que cargar con la corona, llevar el sello y firmar las cartas con besos de rougue. Sin ser reina muero envenenada de preguntas que no me atrevo a pronunciar.

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